Es una deportista histórica de la Argentina. Junto a Ana Gallay fueron las primeras mujeres olímpicas argentinas en la especialidad del beach volley.

Una historia de lucha, de esfuerzo compartido la de María Virgina Zonta, quien junto a su hermana Verónica y fundamentalmente de la mano de sus padres María Angélica Biagioni y Renato Zonta comenzaron a dar los primeros pasos recorriendo el país como equipo. Allí conocieron por primera vez el trabajo en equipo: Una familia viviendo el deporte, creciendo en el deporte.

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Su experiencia es enriquecedora en todas sus aristas, ya que participó del alto rendimiento en simultáneo con la realización de la carrera de Ingeniería Química en la Universidad del Litoral. Por supuesto que todo ello le abrió caminos reveladores. Quizás por eso tan lejos llegó María Virginia Zonta, quien una vez que conoció el movimiento olímpico se sumó al trabajo desde la Academia Olímpica Argentina -un mundo de posibilidades para inculcar valores- y recientemente viajó como joven embajadora a los Juegos Sudamericanos de la Juventud en Santiago de Chile.

Así responde Zonta una pregunta básica… ¿Qué significa el deporte en tu vida?

-El deporte ocupa un lugar súper importante, ya que me fue acompañando a lo largo de las diferentes etapas de mi vida. Me ha dado y me sigue dando muchísimas satisfacciones. Me regaló amistades en el club, en el ambiente del beach volley y en otros países. También me enseñó a ser responsable, a organizarme, a no bajar nunca los brazos y luchar por mis objetivos. Me formó como una persona disciplinada y fuerte. El deporte me enseñó a trabajar en equipo y a respetar al rival, al entrenador y a los compañeros. Por supuesto que además me permitió conocer otras culturas por la posibilidad de viajar por diferentes países, eso te enriquece muchísimo.

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-¿A través del deporte llegaste al movimiento olímpico, qué impacto te causó?

-Es la competencia más grande que existe, a la que todo atleta aspira. Es difícil de expresar con palabras lo que se siente estar ahí. Desde los momentos previos a la ceremonia de apertura en que toda la delegación argentina disfruta con cantos y mucha emoción, hasta el momento de entrar al estadio no tomé conciencia de lo que estaba por vivir. La Villa Olímpica es una mini ciudad donde te cruzás por las calles o en el comedor con los mejores atletas del mundo. Ahí todos somos iguales, no hay privilegios, somos pares. Lo más importante es la competencia. Y jugar dentro de un estadio con 15.000 personas es increíble! La adrenalina que se siente en los Juegos Olímpicos no es la misma que en ninguna competencia y creo que quienes vivimos esta experiencia somos muy afortunados. Además todo el país se pone la camiseta argentina, no importa el deporte que sea.

Participar en un JJOO permite la difusión más amplia del deporte, el público que lo sigue es mayor, en el caso del beach volley femenino muchas personas se interesaron después de nuestra participación en Londres 2012.

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-¿Cómo formaste parte de la Academia Olímpica Argentina? Qué valores creés que podés transmitir o inspirar desde tu experiencia y qué significa trabajar en función de esos valores?

-El año pasado formé parte de la Academia Olímpica Argentina (AOA) por invitación del Coordinador del Centro de Estudio Olímpicos (CEO) que funciona en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) donde me gradué de ingeniera Química. Cuando me ofrecieron participar, realmente no sabía mucho de qué se trataba y recién cuando lo hice tomé conocimiento de la importancia del Movimiento Olímpico que hay detrás del deporte. A raíz de esa participación quedé seleccionada para integrar este año la Academia Olímpica Internacional (AOI) que se realizó en Grecia. Ambas academias fueron muy enriquecedoras, participamos jóvenes de diferentes áreas del deporte (atletas, dirigentes, periodistas, entrenadores, etc.). Tuvimos charlas sobre educación olímpica, gestión deportiva, ética en el deporte, valores en el deporte, etc. En Grecia participamos 160 jóvenes - entre 25 y 35 años- de 88 países, por lo que el intercambio cultural fue muy valioso. Conocer cómo trabajan otros países con el deporte, analizar nuestra situación actual y ver cómo seguir creciendo fue muy interesante.

Creo que como deportistas tenemos un rol muy significativo en la sociedad, somos ejemplo para muchos jóvenes, somos referentes, y por eso tenemos el compromiso a través de nuestras acciones de demostrar que con esfuerzo y dedicación se pueden alcanzar las metas que nos propongamos. Somos responsables de transmitir los valores que el deporte nos enseñó como el respeto, la amistad y la excelencia.

-¿Cuál fue tu misión en Santiago para el COA y cuánto la disfrutaste?

-En Santiago participé de los Juegos Suramericanos de la Juventud como joven embajadora y estuve encargada de la participación argentina en el Programa Educativo y Cultural que incluían esos juegos. Me parece importantísima esta tendencia de fomentar la unión entre el deporte y la educación. Mi función fue la de acompañar a los jóvenes en los talleres y actividades culturales que estaban programadas. También tuve la posibilidad de presenciar los entrenamientos o competencias, dialogar con los entrenadores y atletas y aprender sobre otras disciplinas. Fue una experiencia muy enriquecedora, ya que participé desde otro lado. Cuando uno viaja como jugador está muy concentrado en los entrenamientos, en descansar y poner toda la energía para la competencia, y nunca podemos disfrutar de los otros deportes.

Pude transmitir mi vivencia como deportista olímpica, mis conocimientos del Movimiento Olímpico y mi experiencia de estudiar y practicar deporte de alta competencia simultáneamente. Esta oportunidad fue muy diferente a cualquier otra vivida en relación al deporte, realmente lo disfruté mucho.